No toda flor marchita está muerta, solo ha dejado de creer que puede florecer.
No toda noche indica oscuridad infinita, solo que a veces la luna no confía en que el Sol saldrá al amanecer.
Todo se trata de creer, de fe, es un asunto sencillo pero que la gente le gusta complicar.
Si Dios nos da vida, es porque sabe que podemos con ella, así de fácil. Mientras haya vida, hay esperanza, ó tal vez mientras haya esperanza habrá vida.
Es como cuando caminamos por la calle y vemos a esos indigentes, nos preguntamos ¿por qué están así? y la respuesta va más allá de lo evidente, simplemente porque ellos mismos han creido que no tienen otro modo de vivir, y llegan a lo que llamo el punto de destrucción del hombre: "Costumbre" sí, así es, nuestra vida en un momento llega a acostumbrarse a una misma rutina, y es ahí donde fallamos, pues lo mágico está en vivir cada día sin saber que va pasar, con espectativa, eso nos permite soñar, algunas veces estrellarnos, pero levantarnos porque sabemos que hay otro modo de ver las cosas.
Muchas veces nos creemos el ombligo del mundo, solo nuestros problemas son graves, pero si abrimos la ventana de la realidad y miramos un poco al que está al lado, nos damos cuenta que somos bendecidos, y que si llevamos una cruz en nuestra espalda es porque el de arriba sabe que podemos cargarla.
Dejemos que la vida sea, levantemonos y agradezcamos por lo que tenemos y por lo que no también. Nunca neguemos una sonrisa, esa es la mejor medicina para el desesperanzado.
"Atardeceres desde mi balcón"
Juliana Forero M.