viernes, 5 de diciembre de 2014
Seres momentáneos de llanto.
Hoy, justo hoy que el cielo despejado formaba con sus nubes blancas un montón de filosofía espacial, y que el olor de un recuerdo me llevó a voltear y darme cuenta que lo enterrado se queda ahí; justo hoy entendí que somos seres momentáneos de llanto.
"Lo que alguna vez te hizo llorar, ya pasará", canta Adrian Berra en una de sus majestuosas obras musicales. Y cuánta razón tiene.
¿Quién determina la duración de un momento? ¿Por qué el afán de quedarnos en la melancolía? Un momento para el desesperado puede ser 1 segundo, para el soñador 1 año, y para el ingenuo toda una vida. Las lágrimas son un lapso de tiempo que se congelan en una nostalgia que ahoga, pero son sólo eso: "un lapso de tiempo" y de ahí debemos salir.
Florece dentro de cada uno, el sentimiento característico de un ser de llanto momentáneo. Lo que nos purifica, lo que nos limpia y permite que traspasemos la dimensión de lo material, es solo un escalón para transformarnos desde adentro y continuar en el viaje que se nos ha designado.
Caminando, ahí bajo ese azul eterno y reconfortante, pude ver lo frágiles y fuertes que somos, pude comprender que después de tu medida de tiempo, puedes volver a sentir que ni los segundos, minutos y horas llorados fueron en vano, sino más bien, fueron la raíz que te sostuvieron cuando todo se había derrumbado.
5 de diciembre de 2014.
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