martes, 8 de febrero de 2011

A los falsos.

Qué poca vida la de los falsos, que poca pena la de aquellos que caminan con caretas.
 Qué fácil para ellos sonreir con el alma desgarrada, y ayudar con el corazón envenenado. ¡Hipócritas! dueños de un telón de nunca acabar.
Esclavos de sus mentiras, defensores de sus excusas, muertos andantes que se escabullen entre ramas de odio, envidia y rencores.
Artificiales por naturaleza, sometidos al que dirán, mojigatos de un destino lleno de soledad. Que desdichados son esos, que se creen infalibles y van por el mundo hiriendo a sangre fría a los defensores de la verdad y la pureza.
A ustedes falsos, que la vida haga justicia y su corazón ennoblezca para salir de la oscura envoltura a la que están destinados.

Juliana Forero M.

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