Yo quiero ser una viajera infinita. No me he imaginado la vida atada a nada y creo, en este punto, que aunque no quiera, siempre estamos atados a algo; a nuestros ideales, a nuestra filosofía de vida, a nuestra búsqueda interminable de la felicidad.
Está en mi esencia, dejar de crear lazos especiales por miedo a que en algún momento, la vida y el viento, me pondrán en otro lugar. Guardo dentro una angustia inexplicable de crear bases sólidas en personas efímeras.
Sí, muchos le temen a la soledad; yo le temo a estar sin ella, a dejarme seducir por lo rutinario, por lo cotidiano; mis dibujos en papel no son la casita con el sol y las nubes; mis dibujos se componen de un gran mundo, unos zapatos cómodos y mis ojos para ver todo lo que hay que ver.
No me callo, grito, mis emociones desenfrenadas se manifiestan cada tanto; suspiro, canto, lloro, pero nunca me permito a mí misma, dejar hundir a mi ser en la tristeza; mi boca siempre me exige sonreír, está en su naturaleza.
Acá sigo, embarrándola una que otra vez, experimentando, queriendo correr riesgos que abandono muy rápido; teniendo la ilusión de poder dar pasos que perduren en mi conciencia, en mi memoria.
Juliana Forero Montes
31/01/2012