"Ponte en mis zapatos" repetimos varias veces a quienes nos critican sin razón, ni fundamento. Pero ¿qué es en realidad ponerse en los zapatos del otro?, simple, es dejar de usar un poco la lógica y mirar con los ojos del alma.
La vida pasea entre nosotros, como un viento fugaz, como un deportista que quiere llegar al final de la meta. Nadie quiere que ese viento llegue a su fin, pero todos sabemos que en algún momento pasará. Siempre nos están repitiendo que debemos saber de dónde venimos y hacia donde vamos, pero nadie se fija en preguntarse "dónde estamos".
Si me preguntan, diría que estoy parada en medio de la vida. Es necesario saber donde se está, para poder decidir hacia donde dirigirnos. El "de dónde venimos" quizás forjó el presente que respiramos, pero no puede influir en el futuro que beberemos.
Intentemos de vez en cuando usar el bastón que sostiene la vida del otro, antes de señalar los pies que lo trajeron hasta aquí. Si no enseñamos o aprendemos algo, así sea mínimo, todos los días; entonces habremos perdido 24 horas valiosas de nuestro existir.
No dejemos que nadie calle nuestro pensamiento, pero aprendamos a silenciar nuestro impulso cuando nos controle el veneno. Soltemos y agarremos fuerte el pasar y el venir, pero sobre todo, seamos motivo de felicidad para al menos una persona en este gran globo terráqueo.
Julio 2012.
Juliana Forero M.
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