Hoy decidí abrir esa herida que no está sana. Lo reconozco. Aún está ahí. La he escondido, la he tratado de curar, pero qué va, hay cosas que sanan sólo cuando dejas de intentarlo.
Al ver esos momentos congelados, entiendo que, las cosas malas pasan porque la vida siempre traerá un poco de tristeza. No es un castigo, no es karma, es la vida. La vida intenta hacerte fuerte a través de algunas lágrimas. El autor del dolor tampoco es malo, es otro, vive y concibe las acciones desde un plano que dista mucho de nuestro pensamiento.
El 27 de octubre de 2014, algo raro ocurrió cuando caminaba. Algo raro y bello. Eso, que fue fugaz, relativizó el tiempo y la importancia. Hoy, un año después, algo me queda claro, nada es antes o después del tiempo exacto. Lo que pasa en nuestra vida, tiene su razón de ser. No estamos en un supermercado a la misma hora que otras personas por casualidad. Debías estar ahí, tus pies, tenían que entrar allí.
Gracias vida, tus lecciones a veces tardan en comprenderse. Sigo caminando, sigo entrando en donde debo entrar, sin saberlo. Gracias a ti. Tenías que llegar para entender algo tan simple como que, podía sonreír otra vez, y claro, podía llorar otra vez.
28 oct/15.
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